A los 18 años me fui de mi ciudad a estudiar. Elegí Ingeniería en Materiales porque, según yo, me gustaba la física. Y sí, me gusta, pero no tanto como para dedicarle toda mi vida, y menos a algo que tampoco tenía tanto que ver con la física.

El tiempo en la facultad me sirvió para conocer el mundo, pero nunca me lo tomé en serio. Así terminé “perdiendo” tres años que nadie me va a devolver, o al menos eso es lo que siento.

La pregunta

Un día, en cuarto año y en plena pandemia, me miré al espejo y me pregunté: ¿quién quiero ser?

Decidí que quería ser algo ordenado (todavía no me sale), alguien curioso, alguien empático, un desarrollador. Y sobre todo, quería ser alguien que diera gusto conocer y convivir.

Fue duro pararme frente al espejo y pensar en eso. Uno es como es, pero ¿puede uno decidir quién quiere ser? Sentía a esa persona interior, la que todos tenemos, riéndose de mi intento por cambiar. Por dejar de tomarme las cosas a la ligera. Por querer ser alguien que sepa dónde están sus cosas, o al menos que lo intente.

El cambio

Desde el inicio de la pandemia me propuse estudiar de sol a sol. Me levantaba y estudiaba: cursos de YouTube —estoy eternamente agradecido con Píldoras Informáticas— y luego Platzi. Horas y horas de aprendizaje.

Así me metí de lleno en la programación. No digo que la haya entendido por dentro; a día de hoy tengo ganas de aprender aún más, de entender cada electrón que pasa por un circuito —quiero anotarme a un curso de electrónica en cuanto pueda—, pero tomé cartas en el asunto de ser quien quiero ser.

Durante ese tiempo fantaseaba con poder desarrollar páginas web para empresas, personas o quien sea. Fantaseaba con aprender a crear juegos, cosas en 3D que se sientan vivas. No logré cada objetivo que me propuse ese día, pero te prometo que la gran mayoría los sigo intentando cumplir.

Hoy no me queda tiempo para todo lo que quiero hacer. Me cuesta mucho hacer tooodo lo que me gustaría, pero al menos lo intento.

Lo que vino después

Estoy trabajando como QA Automatizador. Fue lo primero que me dio la oportunidad de “salir a jugar en primera”. Antes de eso era profesor en Coderhouse, algo que realmente me drenaba la energía. Me preocupaba de verdad el camino de aprendizaje de cada alumno, y no hay día en el que no piense y desee que cada uno de ellos sea quien quiere ser.

Fueron meses duros. Muchas veces cobraba mucho menos que el mínimo. Y sin mi novia, la persona que me mantuvo con vida durante estos últimos cinco años, no sé qué habría sido de mí. Gracias a ella puedo soñar con ser quien quiero ser. Es quien me anima a seguir día a día.

La invitación

Escribo todo esto porque quiero invitar a quien sea que lea esto a intentar ser quien quiere ser. A buscar aunque sean quince minutos para arrancar ese camino. A proponerse un nuevo “yo”.

Estas son algunas de las cosas que me propongo:

  • Quiero ser un desarrollador honesto, pragmático y enamorado de aprender.
  • Quiero ser alguien que sepa hablar inglés, mi gran enemigo.
  • Quiero ser un buen novio.
  • Y quiero ser alguien que mi yo de cinco años tenga ganas de visitar y conocer.

Gracias por leerme. Espero que puedas ser quien querés ser.