Hace poco terminé de mergear un avance importante en un proyecto de facturación.

Me toca liderar el front, y la base técnica viene de un trabajo previo en Athenea: Preact, Electron y varias piezas que hace no tanto tiempo me habrían parecido demasiado para encarar en paralelo.

No fue magia. Fue un cambio de proceso.

Hace un tiempo, esto me dejaba clavado

Si me hubieras dado este mismo stack hace dos años, probablemente habría caído en el mismo patrón:

  • abrir diez tutoriales,
  • postergar decisiones por miedo a elegir mal,
  • y avanzar lento por querer tener todo claro antes de escribir una línea.

Hoy trabajo distinto. Arranco antes, exploro más rápido y valido sobre código real.

La diferencia principal fue incorporar IA como parte del flujo diario, no como un atajo para copiar y pegar.

Con IA no siento reemplazo, siento aprendizaje más rápido

Cuando digo que uso IA, no hablo de pedir “haceme la app”. Hablo de usarla como un copiloto para:

  1. Investigar opciones de arquitectura cuando hay más de una forma razonable de resolver algo.
  2. Salir de bloqueos puntuales sin romper el ritmo de trabajo.
  3. Contrastar decisiones antes de implementarlas en partes sensibles del sistema.
  4. Reducir tiempo de búsqueda para enfocarme en integrar, probar y decidir.

Antes el tiempo se iba en encontrar respuestas. Ahora se invierte más en entender trade-offs.

Lo más fuerte no fue técnico: fue cómo me veo como dev

Hay una sensación que aparece mucho cuando empezás a usar IA en serio: miedo.

No tanto por la herramienta en sí, sino por lo que toca de nuestra identidad profesional. Durante años muchos asociamos “ser buen programador” con escribir mucho código de memoria y resolver todo a pura sintaxis.

Con IA, parte de esa “magia” se vuelve visible.

Y eso incomoda.

Pero también obliga a subir el nivel:

  • más criterio técnico,
  • más comprensión de arquitectura,
  • más capacidad para evaluar calidad,
  • y más responsabilidad sobre cada decisión.

En otras palabras: menos ego en el teclado, más foco en resolver problemas reales.

Lo que a mí me viene funcionando

En este proyecto, hay tres hábitos que me dieron resultado:

1) Primero me pregunto qué problema estoy resolviendo

Antes de abrir el chat, documento el objetivo en una frase simple: qué tiene que lograr esa parte del sistema y qué restricciones tiene.

Eso mejora muchísimo la calidad de las respuestas y evita desvíos.

2) Le pido opciones, no una respuesta única

Cuando una decisión impacta mantenimiento o escalabilidad, pido varias opciones con pros y contras. Después elijo yo según contexto de producto, equipo y tiempos.

3) Nada sale sin probarlo en serio

Ninguna sugerencia pasa directo a producción. Siempre hay prueba, revisión y ajuste.

La IA propone. El criterio humano decide.

Para cerrar

No creo que usar IA te convierta automáticamente en mejor desarrollador.

Sí creo que, bien usada, te permite aprender más rápido, ejecutar con menos fricción y dedicar más energía a lo que importa: diseñar soluciones útiles.

No sé cómo se va a transformar la profesión en los próximos años.

Pero en mi caso, el cambio ya empezó: pasé de la parálisis por análisis a construir con intención.

Y si esa transición viene con algo de miedo, está bien. También puede venir con más curiosidad y mejores desafíos.

Porque al final, el objetivo no es escribir más código.

Es crear mejores sistemas.