Automatización en entornos bancarios: desafíos reales
Automatizar en un banco no es lo mismo que automatizar un e-commerce. Los sistemas son legacy, la infraestructura es limitada y cada error puede tener consecuencias serias. Acá comparto algunas lecciones que aprendí en el camino.
El contexto importa más que la herramienta
Podés saber Selenium de memoria, pero si no entendés el negocio bancario, vas a automatizar mal. Antes de escribir una línea de código, invertí tiempo en entender:
- Qué proceso estás automatizando y por qué existe
- Qué puede salir mal y cuáles son los casos borde
- Cómo se relaciona con otros sistemas
Infraestructura limitada = creatividad obligatoria
Cuando tu VM tiene 2GB de RAM y el sistema que tenés que automatizar es una aplicación desktop de principios de los 2000, las soluciones “de libro” no funcionan. Algunas cosas que aprendí:
- Sikuli puede ser tu mejor amigo - Para aplicaciones donde Selenium no llega, el reconocimiento visual salva.
- Optimizá todo - Cada milisegundo cuenta cuando los recursos son escasos.
- Fallar rápido - Si algo va a fallar, que falle pronto y con información útil.
Mi primera demo técnica: nervios y píxeles
Una experiencia que me marcó fue mi primera demo con gente del banco. Tuve que explicar cómo funcionaba Sikuli —básicamente cómo la herramienta reconoce elementos en pantalla comparando píxeles, por qué a veces falla si cambia el tamaño de la ventana o la resolución, y cómo optimizamos las capturas para que sean más robustas.
Estaba tremendamente nervioso. No es lo mismo explicarle automatización a otro desarrollador que a stakeholders del negocio que necesitan entender por qué confiamos en “una herramienta que mira la pantalla”. Pero valió la pena: el equipo entendió las limitaciones y los beneficios, y a partir de ahí hubo más apoyo para invertir tiempo en estabilizar las automatizaciones.
Lección aprendida: comunicar lo técnico de forma clara es tan importante como saber hacerlo.
Conclusión
Automatizar en un banco me enseñó que las herramientas son solo una parte de la ecuación. Lo que realmente hace la diferencia es entender el negocio, adaptarte a las limitaciones que tengas, y saber comunicar lo que hacés a personas que no son técnicas.
No siempre vas a tener el entorno ideal ni las herramientas más modernas. Pero si entendés bien el problema y sabés explicar tu solución, podés aportar valor en cualquier contexto.